viernes, 22 de enero de 2010

Teoría del desarrollo capitalista, Capítulo 2: El problema del valor cualitativo.

El primer capítulo de “El Capital”, que como ya se ha dicho se titula “Las mercancías”, se dedica al estudio de las relaciones de cambio desde su forma más simple: La sociedad de producción simple, una sociedad en la que cada productor posee los medios de producción que utiliza y satisface sus necesidades mediante el cambio.

Para los autores clásicos, como A. Smith, el cambio es consustancial al ser humano y genera la división del trabajo. Marx, en cambio, niega que el cambio sea parte de la naturaleza humana señalando sociedades en las que existe división del trabajo sin producción y cambio de mercancías. Así el cambio es el resultante de unas condiciones históricas determinadas. Así pues habrá dos tipos de valor asociado al cambio: Uno cuantitativo, fundado en la relación entre productos, y otro cualitativo que se debe a la relación históricamente condicionada entre productores. En este capítulo se discute el aspecto cualitativo del valor, dejando el cuantitativo para el siguiente.

Todas las mercancías poseen un valor de uso y un valor de cambio. El valor de uso, o utilidad, refleja una relación entre el consumidor y lo consumido, no una relación social entre personas, lo que tiene dos consecuencias. Por un lado se puede afirmar que el valor de uso es el mismo estemos en tipo de sociedad que estemos. Por otro, al no ser una relación social, queda fuera de la definición marxista de economía política, no puede ser una categoría económica (aunque si lo es para los ortodoxos).

El valor de cambio, por el contrario, si que es una relación social, o más bien la plasmación de una relación social: la existente entre los propietarios de mercancías (en la producción simple, los mismos productores) a la hora de cambiar. Así pues no es un aspecto universal de la mercancía como la utilidad, sino que precisa de la existencia de una sociedad en la que haya al menos división del trabajo y producción privada. Si a una mercancía se le extrae el valor de uso, nos queda únicamente un valor (que representa una realción social).

Igualmente el trabajo puede dividirse en dos aspectos. Por un lado está el trabajo útil, que sería el trabajo que está representado en el valor de uso del objeto producido. Pero si, al igual que antes, extraemos el trabajo útil ¿qué nos queda? El trabajo abstracto (abstracto en el sentido de que se pasan por alto las características especiales de los distintos tipos de trabajo, trabajo en general). Se trata de la reducción de todo trabajo a un común denominador, de manera que pueda ser medido, comparado o sumado para formar un conjunto social. De esta fuerza de trabajo social, susceptible de diversos usos, depende en última instancia la capacidad de producir riqueza de la sociedad.

Con todo lo anterior podemos explicar la relación entre valor y trabajo. Una mercancía es un objeto útil fabricado por una suerte especial de trabajador. Pero esa mercancía tiene algo de común con todas las demás, el hecho de absorber una parte del total de la fuerza de trabajo disponible de la sociedad. A partir de aquí va a resolver Marx el problema del valor cuantitativo (una vez más de manera muy distinta a la de los economistas ortodoxos, para los que es un mero problema de valor de cambio). Si la mercancía es la materialización del trabajo abstracto y este es mensurable, la magnitud del valor expresará la relación entre el objeto y la cantidad de tiempo total del trabajo de la sociedad empleado en producirlo.

Para terminar el capítulo, Sweezy se refiere a la doctrina del Fetichismo de la Mercancía. Con ella Marx explica como la relación básica entre hombres de la producción se percibe como una relación entre mercancías. Este fenómeno no se da cuando la producción implica una relación directa entre personas, sino cuando la producción de mercancías se halla en un punto más avanzado y los productores solo se relacionan entre sí a través del mercado. Una vez que este mercado se considera un ente en sí mismo, que actúa y decide al margen de los individuos (lo que no es cierto, pues sus movimientos son el resultado de las relaciones entre productores), la mentalidad de las gentes se ve afectada de manera sustancial. Es aquí donde nacen conceptos como el laissez faire o la Fisiocracia o donde otros propios del capitalismo (salario, renta, interés…) se convierten artificialmente en universales, como si todas las formas anteriores de producción no hubieran sido sino versiones tempranas del capitalismo, que es natural y eterno. Además todo lo anterior es la forma más práctica de evitar que los oprimidos por el sistema se den cuenta de que lo están, pues todo parece acorde a las leyes inevitables marcadas por el mercado.

Teoría del desarrollo capitalista, Capítulo 1: El método de Marx

Gran parte de la importancia de Marx tiene que ver con cuestiones metodológicas. Lukacs llega a afirmar que “la ortodoxia en cuestiones de marxismo se relaciona exclusivamente con el método”.

Al igual que sus predecesores clásicos y neoclásicos, Marx utiliza el método abstractivo-deductivo como principal herramienta. Para saber que podemos abstraer y que no, debemos tener claras las respuestas a dos preguntas: ¿Cuál es el problema a examinar? Y ¿Cuáles son los elementos esenciales del mismo?

Es en estas respuestas donde Marx se diferencia de sus predecesores, pues se marca como objetivo “poner al desnudo la ley económica del movimiento de la sociedad moderna”. Por su formación anterior se puede deducir que el principal interés de Marx es el cambio social. La economía le interesa en la medida que es la esfera en la que el ímpetu del cambio social debe encontrarse. Una vez aclarado esto, ¿cuáles son los aspectos esenciales del problema? Aquí vuelve a separarse de la ortodoxia al apuntar a las relaciones sociales regidas por el capital y en concreto a las relaciones capital trabajo como elemento esencial. No se descartan otras relaciones sociales de importancia, sino que se pospone su análisis a fases más avanzadas de la obra. De la misma manera las relaciones capital-trabajo se filtran hasta quedarnos con las más significativas: las que surgen de la esfera industrial. Se trata en última instancia de una relación de cambio (salario por trabajo) y es por eso que Marx empieza por analizar este tipo de relaciones, dedicando el primer volumen de “El Capital” a las mercancías.

Durante todo este primer volumen se mantiene un alto nivel de abstracción, lo que parece contrario a la abundancia de datos empíricos que se muestran. Sin embargo no lo es, abstraerse no es alejarse de los hechos, sino circunscribirse a un número reducido de ellos. Precisamente por el alto nivel de abstracción, algunos de los resultados teóricos de este volumen deben ser considerados como mutables, deben sufrir adaptaciones cuando se desciende a menor nivel de abstracción.

Además de la abstracción, el otro gran aspecto metodológico a destacar es su carácter “profundamente” histórico. Para Marx la realidad social es un proceso en el que el cambio es constante. Los hombres pueden influir en ese cambio, en la medida que la realidad social que les ha tocado vivir lo permita. Esa concepción choca con el planteamiento ortodoxo, que se resumiría en la frase “ha habido Historia, pero ya no la hay”. Pensar que el proceso de cambio social ha llegado a su final implica pensar en la actual realidad como culmen del proceso, lo que conlleva importantes implicaciones.. Si damos por supuesto el capitalismo igual que damos por supuesto el Sistema Solar, la crítica al capitalismo se antojará tan peregrina como la crítica al Sistema Solar.

jueves, 21 de enero de 2010

Lectura 7: “Introducción”, en "Teoría del desarrollo capitalista", de Paul Sweezy

Para el autor la sociedad no es solo un grupo de individuos. Para ser considerado una sociedad deberán existir dentro de ese grupo relaciones precisas y más o menos estables. Las ciencias sociales son aquellas que estudian dichas relaciones y, en concreto, la economía política estudia las relaciones sociales de cambio y producción.

Sin embargo, en la corriente mayoritaria u ortodoxa de la teoría económica el carácter social de la materia se evita sistemáticamente. El autor lo ejemplifica a través de los textos de Robbins, en los cuales se define la economía como “la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación”, de manera que se toma como elemento de estudio al hombre aislado. Se añade también que los resultados obtenidos son aplicables a cualquier individuo, sea cual sea la sociedad en la que se desenvuelve. Incluso son válidos para individuos fuera de cualquier sociedad, como se ilustra en el ejemplo de Robinson Crusoe. Todo ello solo es posible definiendo el sistema económico como “una serie de relaciones (…) entre hombres y bienes económicos”, es decir, sustituyendo las relaciones sociales (entre hombres) por relaciones hombre-cosa. Por supuesto es inevitable toparse en ocasiones con las relaciones sociales, pero siempre se muestra este encuentro como algo incidental, no generalizable.

Una buena muestra de lo anteriormente expuesto es la forma en que estos teóricos utilizan los conceptos económicos: los toman del lenguaje habitual, los vacían de contenido social y los aplican indistintamente a todo tipo de sistemas económicos. Un claro ejemplo sería el término “salario”. En origen designa la cantidad de dinero que, de forma periódica, paga un patrón a un asalariado a cambio de su trabajo. Algunos economistas, en cambio, han transformado su significado en “producto que es imputable a la actividad humana empeñada en un proceso productivo”, con independencia del régimen en que este proceso productivo se da. Perciben igualmente un salario el obrero fabril, el pequeño agricultor y el artesano independiente. El salario se convierte en una categoría universal.

Ese empeño, además de negar las implicaciones sociales del término, induce a pensar en el salario como productividad, solo considerando como explotación la situación en que el obrero recibe como salario menos del valor del producto físico marginal de su trabajo. El concepto se convierte así en una forma de mantenimiento del statu quo.

Por todo ello, explica el autor, no es posible partir de la “doctrina aceptada” para estudiar los problemas económicos. En su lugar, Sweezy adopta como guía la doctrina de Karl Marx, adoptando la hipótesis de que quiso decir lo que dijo en vez de intentar explicar lo que quiso decir.

miércoles, 13 de enero de 2010

Lectura nº6: “Ciencia y método”, de Roberto Carballo

El autor comienza exponiendo su definición de ciencia, explicando que podría fácilmente recurrir a un “calidoscopio culturalista”, pero prefiere elaborar una construcción personal. En dicha construcción prima el carácter de actividad humana y social de la ciencia, que no es sino un esfuerzo consciente dedicado a la comprensión de la Naturaleza. Remarca Carballo que la ciencia ha ido desarrollando dos sentimientos opuestos a medida que ha avanzado. Por un lado la ciencia se hace más humana, más consciente de su limitación con cada nuevo descubrimiento. Por otro esos mismos conocimientos han creado una prepotencia científica que ha llevado a que para muchos la ciencia haya devenido en un culto “cuasi-religioso”. Ello implica además que la ciencia se hace más conservadora, siendo reacia a los cambios de paradigma y también más opaca y oscura al encerrarse en su lenguaje peculiar y al convertir en secretos sus métodos de trabajo. Precisamente el método científico, lo que de verdad diferencia a la ciencia de otras actividades humanas, debiera servir para facilitar la intersubjetividad y no la opacidad.

Ligado a la definición de ciencia está el problema de la acotación de lo que es ciencia. Se ha ido desarrollando una ligazón ciencia-progreso que ha facilitado el hecho de que se solo se consideren ciencias aquellas categorías más técnicas, que tienen una aplicación más visible o práctica. Cerca de ésta concepción esta la perspectiva positivista encarnada por Popper, que solo otorga la categoría de ciencias a aquellas cuyas hipótesis o teorías puedan refutarse con la experiencia, con lo que solo podrían considerarse como tales las ciencias naturales. La última delimitación que menciona el autor es la de Longo, para el cual la condición fundamental es la exigencia de explicar la realidad partiendo de ella misma. Longo argumenta que la aplicación de este principio lleva inevitablemente al materialismo filosófico y define el marxismo como la primera concepción del mundo basada total y exclusivamente en la ciencia. Carballo varía levemente el debate, argumentando que la búsqueda del status de ciencia para un determinado campo del saber tiene que ver más con aspectos psicológicos y sociales que con otra cosa. En su opinión la ciencia debe tener una definición abierta, que subraye la exigencia de consciencia, sistematización y autolimitación como base para buscar una explicación a la Naturaleza. Concluye afirmando que la ciencia puede entenderse como vida (intento de comprensión de la Naturaleza) y muerte (burocratización de esa explicación convirtiéndola en el pseudo-culto antes mencionado).

El siguiente problema que se afronta es la influencia de las distintas concepciones del mundo e ideologías en la ciencia y la investigación. Pese a que algunos autores han pretendido separar concepción y ciencia como dos tipos de conocimiento distintos, es innegable su influencia en el proceso de investigación como inspiración y como guía. Igualmente ocurre con la ideología, que se filtra por el método haciendo que todo conocimiento esté impregnado de la ideología de su investigador así como de su tiempo y circunstancia. Estos aspectos se hacen más visibles en las ciencias sociales.

A continuación se afronta la división en etapas del método. Carballo parte de las cuatro etapas comúnmente aceptadas (descripción, clasificación, explicación y verificación) y de los tres modos de inferencia (deductivo, inductivo o inductivo-probabilístico y reductivo) para crear una nueva división. Según él, en primer lugar se da la visión, un acto cognoscitivo pre-analítico. Para llegar a él, el investigador cuenta con un marco paradigmático, una influencia ideológica interna y una circunstancia personal proclive. A la visión le sigue la observación de los hechos, es decir, un intento de clasificación y descripción de los elementos y relaciones existentes en una realidad con el fin de lograr una síntesis en forma de hipótesis provisional. El siguiente paso es desarrollar deductivamente esa hipótesis a través de un proceso de iteración que va de lo real a lo ideal y viceversa. De ello surge una nueva síntesis teórica enriquecida, pero que a nivel histórico sigue siendo una hipótesis provisional. El último paso a superar es el de la contrastación intersubjetiva de la teoría, que consiste en la comunicación de la misma al resto de la comunidad científica a través del lenguaje científico apropiado.

Esto nos lleva a la última cuestión. Carballo argumenta citando a Marx que el método de investigación y el método de exposición deben distinguirse formalmente. A diferencia de la investigación, que abarca todo el proceso del conocimiento científico, la exposición solo es posible a partir de un determinado momento. Solo se puede exponer científicamente una vez superadas las tareas que han dado lugar al surgimiento de una hipótesis. A partir de ese punto investigación y exposición ya son compatibles.

lunes, 11 de enero de 2010

Comentario de noticia: “Amplia insatisfacción con el capitalismo 20 años después de la caída del muro”.

Quisiera empezar este comentario poniéndome la venda antes de hacerme la herida. A estas alturas todos tenemos algunas nociones de la teoría y metodología relativas a ese método de investigación social que es la encuesta. Creo, por tanto, que no sorprendo a nadie si digo que se trata de una herramienta que puede ser considerablemente precisa si se usa con rigor, pero que también se presta con relativa facilidad a que los sesgos (conscientes o inconscientes) del investigador modelen los resultados a su gusto.

En este caso concreto, una encuesta realizada por encargo de la BBC con motivo del 20º aniversario de la caída del muro de Berlín, en la que se pretendía pulsar la opinión global acerca de temas relacionados con el capitalismo actual y la caída de la URRS , los datos que aporta el ente público británico sobre la encuesta no son suficientes para determinar su grado de validez, pero en cualquier caso si que hay aspectos que parecen discutibles. Por ejemplo es cuestionable si los 27 países estudiados son representativos de todo el mundo o bien si el hecho de que en 9 de ellos solo se hayan seleccionado individuos residentes en las principales áreas urbanas resta credibilidad a los resultados en estos países.

Una vez hecha esta aclaración, vayamos al meollo del asunto. Así, a las bravas, resulta que tan solo una media del 11% de los encuestados en cada país afirma que el capitalismo funciona bien y que no necesita mayor regulación. Dicho de otra manera, hasta un 74% de los participantes rechaza el actual modelo económico imperante. Dentro de este grupo cabe destacar que un 51% defendían la necesidad de reformar dicho modelo, mientras que el 23% restante hablaban de un capitalismo “herido de muerte” y de la necesidad de un nuevo modelo económico. Los datos del apoyo al sistema actual variaban de uno a otro país, pero incluso en los casos de mayor apoyo las cotas eran notablemente bajas (E.E.U.U. 25%).

¿Qué conclusiones hay que sacar de todo lo anterior? Como dije al principio, calma, tomemos estos resultados con pinzas. Aquellos que ya los hayais sacado, por favor guardad vuestros kits de asalto al Palacio de Invierno por lo menos hasta el final del comentario. Hay que entender que estas frases de apoyo o condena no han salido, casi con total seguridad, de la boca de los entrevistados. Me parece bastante más probable que se les haya mostrado un papel con dichas frases escritas y se les haya consultado con cuál de ellas se sienten más identificados. La manera de escribir las frases puede haber tenido mucho que ver en las elecciones. Me refiero a que es difícil estar de acuerdo con una frase tipo: “Creo que el capitalismo neoliberal actual funciona bien y no necesita ninguna reforma” con los tiempos que corren. Incluso aquellos afortunados que no hayan sufrido directamente la crisis del sistema capitalista llevan 18 meses oyendo hablar sobre ella.

¿Entonces no hay que preocuparse por nada? ¿Todo sigue bien? No, señor consejero delegado, no salga aún de debajo de la mesa de caoba. En realidad si que ha pasado algo. Algo muy antiguo que estaba adormecido se ha despertado. Se trata de un sentimiento popular que podemos resumir en la frase “Si es rico, no puede ser bueno” y su origen es medieval (recordad “El nombre de la rosa”, los franciscanos y los defensores de la riqueza de la Iglesia) o incluso anterior. No puede ser bueno por varias razones: la primera y fundamental es porque no es justo que alguien sea rico mientras alguien es pobre, como no es justo que a alguien le sobre comida mientras otro pasa hambre. Es algo que sabemos todos (los acaudalados también) y el aumento de la magnitud de las riquezas y de las miserias no ha hecho sino convertirlo en algo más injusto. Otra buena razón es porque hacerse rico siendo honrado y bueno es extraordinariamente difícil, por no decir imposible. Hacer fortuna requiere cuando menos explotar, adueñarse de la riqueza generada por otros y cuando más engañar, expoliar o incluso matar.

Estos pensamientos espontáneamente surgidos en la gente, estos juicios populares, han sido silenciados y narcotizados por años y años de hegemonía cultural capitalista. Durante esos años el mensaje ha sido otro muy distinto: “¡Hazte rico! Si eres lo suficientemente listo, trabajador y persistente lo lograrás. Solo tienes que desearlo de verdad y luego vivirás el resto de tu vida como un rey.”. Eso es el Sueño Americano, eso es Hollywood, eso es Disney, eso es la idealización del yuppie, del broker, del tiburón de las finanzas. Pero la crisis ha hecho que toda esa fantasía sea un poco menos creíble. La gente, que sabía que había algo que olía mal pero contenía la respiración y sonreía, ha dejado de hacerlo y ahora trata de explicarse qué demonios es esa peste. La respuesta la están encontrando en lo que ya sabían y, al menos muchos, habían olvidado.

Pero, ¡cuidado!, esto es tan solo descontento informe, vagamente dirigido contra el sistema y contra los poderosos, pero con bases poco firmes. Si no se formula políticamente, dando lugar a un programa, a unas propuestas y a una alternativa es posible que acabe desvaneciéndose sin más en los brazos de la próxima fantasía anestesiante proveniente de los medios culturales hegemónicos o que pase a engrosar las filas de movimientos políticos de diverso cariz, desde algunos risibles hasta otros francamente peligrosos. La pregunta ahora es ¿a quién o quienes corresponde esa tarea de estructuración del descontento?

sábado, 9 de enero de 2010

Lectura 5: “El mecanismo de la investigación científica” de G. Longo

La investigación se inicia a partir de los hechos, pero ellos por si mismos no explican nada. Por tanto la investigación se inicia observando los hechos y tratando de descubrir que los relaciona o une entre sí.

El siguiente paso será el encaje de lo anterior en un modelo explicativo que nos permita “rellenar” de manera coherente los vacíos que haya dejado la observación. Se trata por tanto de la formulación de hipótesis. En este punto será fundamental la llamada fantasía creadora o capacidad de crear imágenes mentales de realidades no observadas o de abstracciones no observables. Según el autor, esta cualidad es la que permite conocer y modificar la realidad: nos permite conocerla, pues gracias a ella creamos conocimiento relativo a cosas no vistas o invisibles, y nos permite modificarla, pues con ella imaginamos realidades distintas a la existente. Junto a la fantasía está la intuición, que nos evita tener que analizar todas las versiones mentales creadas y nos hace seleccionar las más plausibles. Ambas características son las que diferencian a la inteligencia humana de la animal o de la artificial.

El tercer momento de la investigación será la comprobación de las hipótesis, que se realizará regresando a la observación. En esta etapa los hechos observados pueden pertenecer a un universo más amplio que en la primera fase o incluso ser fruto de experimentos y estar especialmente diseñados para probar o refutar una hipótesis.

Finalmente, las hipótesis se reformulan para acomodar los nuevos resultados observados.

Estos pasos se repiten de forma reiterativa hasta el infinito pues, en último extremo, la investigación no es sino una cadena interminable de observaciones y formulaciones (o reformulaciones) teóricas. Teoría abstracta e investigación científica están así equilibradas, pero separadas y asignadas a momentos temporales distintos. Se plantea el autor si las investigaciones se inician con la observación o con la elaboración teórica y responde que con lo segundo, pues según él mostrar el interés suficiente sobre un tema como para convertirlo en tema de investigación es ya una suposición primaria que inicia el proceso. Me parece que es altamente discutible, pues esa elaboración primaria se hace en base a hechos anteriormente observados, aunque la observación se produjese de forma fortuita. Podríamos embarcarnos así en una discusión inacabable parecida a la de los orígenes del huevo y la gallina.

En este sentido se apunta en el texto que los investigadores parten también de hipótesis y observaciones realizadas por otros autores, lo que convierte a esta actividad en algo colectivo, social, en un esfuerzo común por acercarnos cada vez más a la comprensión de la realidad. Obviamente este uso de materiales ajenos solo tendrá sentido si nosotros ya hemos iniciado una investigación propia, aunque ésta aun esté en su fase inicial. En caso contrario, si usamos la producción de otros para rellenar nuestro vacío de ideas, caeremos en el eclecticismo y en la incoherencia con rapidez. La consecuencia lógica de esto es la necesidad que tiene todo investigador de crear su aparato conceptual y explicativo propio.

Como conclusión de todo lo anterior podemos decir que de esta manera de trabajar surge una visión de la realidad que incluye hechos y relaciones de dos tipos: comprobados científicamente y deducidos lógicamente. Esta visión evoluciona a medida que los hechos y relaciones deducidos son comprobados y, o bien se confirman o bien se modifican. Se trata de un modelo que se adapta a los nuevos aportes y que busca adecuarse cada vez un poco más a la realidad y esas características son causa del método científico usado para producirla. Por eso, concluye el autor, en la ciencia lo esencial es el método.

viernes, 8 de enero de 2010

Lectura 3. Manuel Sacristán: “Qué es una concepción del mundo”, en F. Engels: Anti-Dühring.

El autor entiende por concepción del mundo una serie de principios o creencias subyacentes, inconscientes incluso, en el sujeto. Ellos se encuentran insertos en la cultura de la sociedad en que se vive y explican muchas reacciones y conductas inmediatas de los individuos. Las normas prácticas en vigor también serán coherentes con la concepción del mundo dominante, aunque dichas normas por si solas no nos permitan saber la concepción que yace tras ellas (ello se debe a su carga de ideología).

Sin embargo no es la relación entre sistema normativo y concepción del mundo la que ocupa al texto, sino la relación entre ésta y el conocimiento científico positivo.

La ciencia positiva ha ido conquistando uno tras otro la mayoría de los campos del saber tradicionalmente pertenecientes a los credos religiosos o a la filosofía apoyándose en dos características fundamentales: la intersubjetividad (todas las personas adecuadamente preparadas entienden una formulación de un mismo modo) y la capacidad de realizar previsiones con relativa exactitud. La filosofía, mediante su vertiente sistemática, pretendió durante algún tiempo transformar la concepción del mundo en un conocimiento positivo del mundo, en una ciencia real. El resultado según Engels fue “un aborto colosal”, principalmente a causa de que las cuestiones que tratan las concepciones del mundo (p.e. existencia de Dios, finitud del Universo, sentido de la vida, etc.) no son resolubles por los métodos decisorios positivos: la verificación o falsación empíricas y la argumentación analítica (deductiva o inductivo probabilística).

Sin embargo eso no quiere decir que el conocimiento positivo no favorezca más unas concepciones que otras. Una concepción acorde con el conocimiento científico estará al mismo tiempo por detrás (construyéndose al paso de la investigación) y por delante (guiando e inspirando) del mismo. Un científico que pretenda no estar sujeto a ninguna concepción corre el peligro de caer inadvertidamente bajo el influjo de la dominante en su sociedad.

Así pues, si la concepción marxista del mundo aspira a que la consciencia sea dueña de si misma, libre de factores idealizados y llegue a serlo por medio de acciones explícitas y no solo de actitudes idealistas pasivas, debe de sostenerse y fundamentarse en el conocimiento derivado de las ciencias reales. Engels rompe así con la idea de que existe un conocimiento aparte o superior al meramente científico. Más bien al contrario, incluye al pensamiento filosófico como una categoría del pensamiento científico.

La concepción marxista (o comunista) del mundo descansa en dos principios: materialismo y dialéctica (por ello también se la conoce como concepción materialista dialéctica del mundo). El materialismo se entiende como inmanentismo, es decir, las causas de un fenómeno deben buscarse en otros fenómenos, el mundo debe explicarse por si mismo y no por medio de entes ajenos o superiores. La ciencia positiva cumple con esta condición mediante su metodología analítico-reductiva, que permite prescindir de las peculiaridades cualitativas de cada caso concreto, centrándose en los factores que son comunes para buscar una explicación. Este aspecto reductivo puede ser muy extremo, llegando a perderse piezas importantes de información cualitativa.

Es ahí donde entra en juego el principio dialéctico del marxismo. La tarea de la dialéctica marxista es recuperar lo concreto sin hacer intervenir más datos de los que disponemos tras el análisis reductivo. Se trata de, estructurando de manera distinta los datos, entender no solo lo general sino también la situación concreta, las concreciones o totalidades concretas que, en último término, no son sino los individuos vivientes y las particulares formaciones históricas.